jueves, 7 de julio de 2011

Yo

Desde que nacemos tenemos arraigados un yo. Nacemos con él, crecemos con él, loramos con él. Morimos con él. ¿Por qué? Porque sólo así tenmos atencióm.

Cuando nacemos, o mientras somos bebes, es YO se activa. Lloramos para que nos den alimento, cariño, ropa, cambios de pañal, pero siempre para YO. Crecemos y siempre queremos que nuestra madre se interese por YO. Somos adolescentes y sólo YO tengo razón. Somos adultos y sólo YO tengo una opinión que importe. Soy viejo, pero YO tengo mucha sabiduría.

Ahora bien, ¿cuándo nos quitamos esa espada del YO enterrada en la piedras y nos interesamos por los demás? Por ejemplo, esta semana me senté con una persona a hablar, le hice muchas preguntas sobre ella, y ella me contó todo sobre si misma. Pero en nungún momento me habló o me preguntó de mi. Allí es que uno se da cuenta de que el YO sobresale.

Últimamente me he esforzado por conversar con la otra persona, sea quien sea, para interesarme por ella, pero muchos me ven raro. Lamentablemente ese YO se arraigó tan profundo que no es fácil quitarlo de encima.

Por cierto, ¿cómo estás tu?

No hay comentarios:

Publicar un comentario